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05/05/2010
Intervención senador Filmus sobre uso de las reservas

Sr. Presidente. – Tiene la palabra el señor senador Filmus. Sr. Filmus. – Señor presidente: voy a pedir permiso para insertar mi discurso no sólo porque las intervenciones –entre otras– de los señores senadores Calcagno y Maillmann y Verna han sido explícitas y realmente muy profundas respecto de la temática que estamos discutiendo, sino porque me parece importante debatir algunas de las cuestiones que se plantearon aquí en el recinto.

Más precisamente, cuestiones relacionadas con que esta no es una medida aislada del gobierno, no es una medida ocasional, coyuntural o un manotazo para el pago de la deuda, sino que tienen que ver con una política económica, con la que uno puede estar de acuerdo o no. El debate de fondo es el de la política económica que el gobierno viene llevando adelante ya desde 2003 y que –podemos ver por los resultados- avanza en la dirección correcta. Quiero señalar que lo que estamos discutiendo está entre una mirada neoliberal, probablemente desindustrialista y monetarista, en cuanto a la concepción de la inflación de la que se habló acá, y una mirada que realmente apuesta a un modelo de desarrollo basado fundamentalmente en la capacidad de agregar valor en el mercado interno y en la posibilidad de exportar a partir de las capacidades que tienen los trabajadores argentinos. Esto no es de la década del 90. La dictadura militar aplicó desde 1976 estas políticas de apertura indiscriminada que destruyeron nuestra industria. Para dar solamente un dato, mientras que la deuda externa, que fue una de las causas del golpe de Estado de 1976, creció de 6 mil millones a más de 40 mil millones durante el gobierno militar, los trabajadores industriales, en la Argentina, en esa época cayeron de 6 millones a 2.8 millones. Ahí estuvo el núcleo central. Incluso, hemos escuchado decir a Martínez de Hoz, quien por suerte ahora está siendo puesto a disposición de la Justicia, que la forma de destruir al peronismo era atacar su columna vertebral, que eran los trabajadores; y lo hicieron atacando a la industria.

Es esa política económica la que estamos discutiendo con este tipo de medidas. Es la misma política que yo recién miraba en Internet antes de entrar acá, por ejemplo, en el titular del diario Clarín, que señalaba ―Jornada trágica en Grecia, con violentas protestas contra el ajuste. Tres muertos‖, algo que sin duda tenemos que evitar suceda en la Argentina. Y cuando se refiere a las medidas de ajuste, por supuesto, dice: ―Recorte de salarios, jubilaciones e incrementos impositivos‖; y en algún lado, esto nos suena a nosotros, porque en este mismo recinto se discutieron y se aprobaron ese tipo de políticas. ―Grecia ha quedado al borde del abismo, dijo su presidente hoy‖, refleja el diario La Nación; y así podríamos seguir con los titulares. Ahora bien, ¿da resultado la política económica o no?

Digo esto, más allá de discutir esta medida, respecto de la cual haremos algunas reflexiones sobre el final. Desde ya, insisto en que voy a insertar, pero quiero leer algo. Dice este artículo: ―Mientras algunos todavía se pellizcan ante lo que hace unos meses resultaba impensable, las consultoras y los estudios económicos van alineando sus proyecciones para asegurarse de que este año la economía crecerá por encima del 5 por ciento‖. Yo pregunto, ¿quiénes se pellizcan? Los que no creían en estas políticas. No estoy leyendo un artículo de ―6-7-8‖, sino uno del diario Clarín, publicado el domingo. Se pellizcan porque no creían que estas políticas iban a dar resultado. ¿De qué políticas estamos hablando? De las que hacen que un Estado tenga un papel activo contracíclico en la economía. Cuando toda la economía del mundo se cayó, la Argentina justamente tenía los recursos por haber crecido entre el 7 y el 9 por ciento. Pero hablo de haber crecido e invertido para que realmente el consumo se mantuviera en nuestro país y no permitiera que se enseñoree en nuestras tierras la desocupación y la recesión. La fundación FIEL asegura un alza del 6,5 por ciento del producto bruto interno para este año. Otro título dice: ―La economía se perfila a retomar las tasas de crecimiento que caracterizaron al período expansivo 2003/2008‖. Y acá hay una cuestión que quiero destacar. En la década del 90, la Argentina creció el 5,5 por ciento entre 1993 y 1998; fue un crecimiento altísimo, casi el doble del de América latina, que fue del 3,3 por ciento. Sin embargo, ese crecimiento tuvo una naturaleza y una distribución muy distinta de la de estos años; y esto es lo que nos permitió –a diferencia de lo que pasó en 1998– que la crisis nos encuentre con las condiciones para poder resistirla. Sigo leyendo los titulares de otros medios. La Nación: ―La construcción creció en marzo el 13,7 por ciento‖. Ámbito Financiero: ―La recaudación tributaria fue récord en abril. Creció el 30,7 por ciento‖. El Cronista: ―Se duplicó la exportación de autos‖. La Nación: ―Las ventas en shoppings subieron 37 por ciento en marzo‖; ―En abril creció el 25 por ciento la venta de autos 0 Km‖. Hoy encontramos en la tapa del diario La Nación el siguiente titular: ―El efecto de la asignación por hijo llevó a un consumo masivo. La venta de alimentos acumula una suba promedio del 5 por ciento desde el lanzamiento del plan oficial‖. Ámbito Financiero: ―Llegan más dólares, sube el mercado, festejan el canje‖; y así sucesivamente. Planteo esto porque, insisto, este tema hay que discutirlo en este contexto. Es una medida que tiende a apuntalar un proyecto económico que, por primera vez –y, probablemente, desde 1976 en adelante– formula en forma coherente y consistente la posibilidad de crecer y de distribuir. Aclaro que no es la primera vez que se intenta, sino que es la primera vez que se logra crecer y distribuir. Se crece y se distribuye al mismo tiempo; y no como en los 90, cuando se esperaba que el crecimiento derramara la copa y que alguna gota le cayera a los más pobres. Tenemos autoridad para discutir esto. Vamos a pagar la deuda con reservas. Y yo soy de los que han planteado proyectos –y estoy trabajando en eso– para investigar la deuda externa, pero no sólo la que creció de 6.000 a 40.000 millones durante la dictadura, sino también el Megacanje y tantas otras que nos despiertan sospechas. Es verdad que esto es así, pero vamos a ir a los mercados internacionales para abaratar el costo en la Argentina y para no practicar las políticas de ajuste que están aplicando en Grecia, después de haber tenido algunos logros, que son de todos quienes estamos aquí, de todos los argentinos. En este sentido, somos el único país de la región y uno de los diez del mundo que tiene el 6 por ciento del PBI invertido en educación, cumpliendo así con una ley que hemos aprobado aquí. No hay mayor distribución del ingreso que en la educación básica. La Argentina lo está haciendo. Alguno puede preguntar cuándo se van a ver los resultados; si en treinta años de destrucción de la educación tuvimos estos resultados, tengamos una década seguida de inversión en educación y vamos a ver cómo los resultados van a mejorar. También tenemos la movilidad de la jubilación, la asignación universal por hijo –a la que recién hacíamos referencia–, el récord de inversión pública y la baja de la desocupación del 25 por ciento a un dígito. Realmente, son todas medidas que nos dan la autoridad para poder hacer esto. Escuchaba a mi amigo el señor senador Artaza, colega de penurias por el corralito, ya que ambos hemos sido estafados, y quiero decirle que no es este gobierno el que tiene que asumir la culpa del corralito; no somos los que estamos de este lado los que adoptamos ese tipo de medidas, que son totalmente contrarias, porque afectaron el ahorro interno y a los sectores medios y bajos, que son quienes no se pudieron proteger. No son esas las medidas que estamos tomando ahora. Las planeadas en la iniciativa en discusión van en dirección a fomentar el crecimiento del país. Y nosotros tenemos autoridad no sólo por la inversión social que se está haciendo sino porque la deuda –como se ha dicho– bajó de 166 por ciento del PBI al 48 por ciento; porque las reservas subieron de 8 mil a 51 mil millones de dólares y porque las exportaciones subieron 175 por ciento en estos años. Un dato fundamental: mientras que las políticas neoliberales hacían hincapié en la cuestión vinculada con la estabilidad monetaria, la ratio entre las reservas y el PBI en los 90, en promedio durante todos los años, fue de 6,2 por ciento y ahora es de 14,2 por ciento. Es verdad, no estamos tomando medidas ortodoxas, estamos tomando medidas que desafían los consejos internacionales. Pero si uno recapitula, Japón, en 2009, utilizó 5 mil millones de dólares de sus reservas para auxiliar empresas; China, en 2007, creó un fondo soberano para invertir 200 mil millones de dólares de sus reservas para crear compañías de diversa índole; la India invirtió 5 mil millones de dólares en reservas administradas por el Banco Central para financiar la construcción de carreteras; Brasil invirtió 36 mil millones de dólares en reservas internacionales para asistir a empresas en dificultades; y Ecuador –como sabemos– destinó también 2.600 millones de dólares de reservas. El Senado está avanzando fuertemente en discutir políticas de fondo. No paso por alto la última sesión que hemos tenido. En ella, hubo un altísimo grado de madurez porque, a diferencia de la otra Cámara, hemos logrado consenso sobre un tema central como es la violencia, la que no podíamos permitir. Podríamos tener muchas interpretaciones pero si no coincidiéramos en estos temas estaríamos sentando precedentes difíciles para el futuro. Sin embargo, lo logramos; realmente fue un esfuerzo y, en ese sentido, nos tenemos que alegrar todos. En este caso, está sucediendo algo parecido. Es verdad que tenemos diferencias, pero tenemos que discutir las cuestiones de fondo y, seguramente, como pasó con el proyecto del señor senador Verna, que ayudó a mejorar nuestra propuesta, podremos encontrar mecanismos de articulación y de consenso para avanzar.

Estoy seguro de que muchos de quienes estamos aquí creemos que hay que avanzar en la misma dirección. Lo que no podemos hacer es plantear, por un lado, que este proyecto genera inflación y, al mismo tiempo, presentar otras iniciativas que, seguramente, por volcar los recursos solamente al mercado interno, van a generar condiciones mucho más difíciles, porque de proceder de este modo estaríamos entrando en una contradicción en donde el que tiene que tomar decisiones no puede resolver hacia delante. Insisto en recuperar el clima nuevo con el cual estamos trabajando. Seguramente, habrá más coincidencias, como cuando la semana pasada discutíamos sobre la necesidad de cuidar la democracia, la libertad y el uso de las palabras. En este caso es lo mismo. Es verdad que falta mucho; es verdad que tenemos serios problemas; es verdad que mientras haya un solo pobre en la Argentina tenemos una deuda pendiente; es verdad que se pueden hacer las cosas mejor; y es verdad que todavía hay un trecho largo. Pero esto que estaba leyendo, que no es de una versión oficial, son cuestiones que hay que cuidar. Y si vamos a crecer, será a partir de la consolidación de los avances que hemos tenido estos años. En ese sentido, me parece que se inscribe la medida que propone el gobierno.