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01/05/2010
Intervención del señor senador Filmus
Sobre la libertad de expresión

Señor presidente: quiero comenzar con la lectura de un pequeño párrafo del Principio 1° de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos respecto de la libertad de expresión. Dice así: “La libertad de expresión en todas sus formas y manifestaciones es un derecho fundamental, inalienable, inherente a todas las personas. Es, además, un requisito indispensable para la existencia misma de una sociedad democrática.”

Señor presidente: justamente porque es así, porque sin libertad de expresión no hay sociedad democrática y porque la democracia, la República, el pueblo, la Nación, están por delante de cualquier otro interés, creo que el debate que hoy se tiene, con aportes interesantísimos y con una polémica profunda y sin límite de tiempo, lo cual me parece excelente porque para eso estamos acá, es de carácter central. Y el senador que les habla, como imagino que todos los senadores que aquí se encuentran, no sacrificaría la libertad de expresión, porque es la esencia misma de la democracia, por ningún apoyo coyuntural a ningún gobierno de turno, ni aun al propio. Con esto quiero decir que este senador, como el resto de los que están acá, condenaría cualquier tipo de cercenamiento de la libertad de expresión aunque el gobierno sea de su propia fuerza política.

Esto me parece que hay que tenerlo claro. Y si se tiene claro y efectivamente es así, ya que es un elemento central con el que no se puede jugar porque hace a la esencia de la democracia, a que podamos estar aquí y a que hayamos dejado atrás un siglo XX donde hubo más tiempo de dictaduras que de democracia, convoco a todos a apoyar sin aditamentos el acuerdo al que se llegó en la Comisión en el día hoy. Reunión a la que los miembros de la Comisión de Educación no asistimos porque estábamos en el Ministerio de Educación y Cultura discutiendo con el ministro las políticas educativas y la agenda parlamentaria. De no haber sido por ese compromiso, habríamos estado allí apoyando el debate y la condena a cualquier agresión anónima que sufra un periodista. Además, lo hubiéramos realizado personalmente como, de hecho, lo hicimos –y me ha tocado personalmente con el senador Pichetto– en muchos otros casos. Incluso, como señalaba la senadora Estenssoro, con los casos como los de Kovadloff y Bergman, con quienes no acuerdo para nada con sus opiniones, pero que, como dice el viejo dicho, que hoy está más vigente que nunca, “no coincido con lo que opinás, pero daría la vida para que puedas hacerlo”.

Pienso que ese es el elemento central. Que no se agregue ningún aditamento porque cualquier agregado, sea para el lado que fuere, le resta centralidad e importancia. La sesión que viene discutamos el resto de los temas, polemicemos y debatamos. Pero hoy coloquemos este asunto como tema central.

Quisiera explicar por qué pienso que no hay que agregar otras cosas. Creo, sin lugar a dudas, que desde el Estado, desde el gobierno, no hubo ningún intento respecto de cercenar la libertad de expresión.

Ya lo señalaba el senador Jenefes, y uno puede leer en profundidad el informe de FOPEA, donde plantea que esto es efectivamente así. También se pueden leer otros muchos informes donde se plantea en profundidad que este gobierno no ha cercenado para nada la libertad de expresión. Y hay hechos concretos, luego voy a referirme a ellos porque algunos están denunciados, que tienen que ver con el funcionamiento de la democracia en la Argentina, que tenemos que mejorar.

La Corte Suprema es la garantía, sin lugar a dudas, de que los derechos de los argentinos estén vigentes plenamente. Ningún gobierno hizo un aporte a la independencia de la Corte Suprema como lo hizo este. Ningún gobierno se autolimitó respecto de la designación de los miembros de la Corte Suprema. Creo que es el mayor aporte a la democracia de que se puede hablar.

La derogación de los delitos de calumnias e injurias fue un proyecto del Poder Ejecutivo que hemos votado. Y es un aporte real, serio, definitivo respecto de la posibilidad de expresión de los periodistas.

Otro tema que, para mí, no es menor es el de la ley de medios, un tema que efectivamente ayuda a democratizar la palabra.

El juicio a quienes se referían acá –y, desgraciadamente, entre quienes participan de este Congreso, hay quienes vivieron personalmente el drama de la represión– el juicio a quienes mataron a periodistas –a Rodolfo Walsh y a Conti entre tantos otros– en la época de la dictadura, es un aporte sin lugar a dudas. Retomo lo del primer juicio que comenzó Alfonsín y la derogación de las leyes de obediencia debida y punto final porque, realmente, si hay impunidad, no hay posibilidad de que haya libertad plena. Quiero señalar lo que decía el senador Torres en cuanto a que este gobierno nunca reprimió, nunca censuró. Las últimas represiones que tuvimos que lamentar, no quiero hablar de la de diciembre de 2001, pero incluso la de Fuentealba, la de Kosteki y Santillán, etcétera, siempre terminan en efectos no deseados. Este gobierno, a pesar de todo, no ha censurado, no ha reprimido.

Estos cinco elementos que estoy dando, son sólo cinco, me parecen centrales para valorar el aporte del gobierno a la libertad de prensa. Y, como señalara muchas veces el senador Pichetto, hay una tensión entre la prensa y los gobiernos. No nos olvidamos de lo que pasó en la década del 90, lo que pasó con Alfonsín; había una tensión permanente. Pero una cuestión es la tensión. Yo voy a tomar el reto que planteó la senadora Morandini. Acepto lo que usted señala respecto del oficialismo, pero le pido a la oposición que no juegue con la palabra nazi, ni con la palabra dictadura, o con un país donde no hay libertad, porque sabemos lo que es el nazismo, la dictadura y la falta de libertad. Si jugamos con eso, en estas circunstancias, cuando nos llegue, va a ser tarde.

Hay que diferenciar: tenemos problemas y tensiones, pero no juguemos con lo que nos pasó a muchos de los que estamos acá y a muchos de los argentinos. Eso no tiene retorno. Si jugamos y lo flameamos ahora, ¿qué vamos a decir cuando realmente pase? ¿De qué estamos hablando? Todos recordamos épocas de la Argentina en que pasaba eso. Es un elemento central. Senadora Morandini, acepto el desafío de que nosotros seamos coherentes con lo que pensamos; le pido a la oposición, de cara al pueblo, que no hable de dictadura, falta de libertad o de nazismo. Sabemos qué es eso.

Quiero acompañar las palabras de la senadora Blanca Osuna respecto del tema de la información. Leí el punto 1, acerca de los principios. El punto 2 lo leyó el senador Marino. Hay muchos puntos realmente interesantes. Pero defendiendo la idea de que, en la Argentina, hay efectivamente libertad de expresión. Les digo que, si no creemos que haya tal libertad, cortemos la sesión y vayamos a la televisión un minuto, cinco, diez o quince minutos, y recorramos todos los canales, compremos los diarios de esta mañana y leamos todos los diarios, de hoy, de ahora. Hagamos ese ejercicio. Pero demos toda la información. El punto 12 del mismo documento determina que los monopolios u oligopolios en la propiedad y control de los medios de comunicación deben estar sujetos a leyes antimonopólicas por cuanto conspiran contra la democracia al restringir la pluralidad y diversidad que asegura el pleno ejercicio de derecho a la información de los ciudadanos. En ningún caso establece que deban ser exclusivas para los medios de comunicación. Las asignaciones de radio y televisión deben considerar criterios democráticos que garanticen una igualdad de oportunidades para todos los individuos en el acceso a los mismos. También la libertad de expresión está vinculada –y lo han dicho muchos senadores, incluso de la oposición– a que no haya monopolios.

Quiero señalar que hemos criticado fuertemente todo tipo de agresión a periodistas, más cuando la agresión es anónima. En ese sentido, voy a citar dos cuestiones que me parecen importantes, que dijeron la senadora y también el ex presidente. Podemos no estar de acuerdo con la marcha de mañana –cada uno tendrá su opinión–, pero las Madres son un ejemplo en la Argentina de la memoria y el pedido de justicia sin violencia. Cuando escucho a Estela de Carlotto plantear que sabe quién es y quién torturó a su hija, pero dice “Espero que la Justicia cumpla con su cometido”, es un ejemplo para mostrar al mundo. ¡Nadie en la historia argentina hizo justicia por mano propia! No hubo ningún intento; no hay. Treinta mil desaparecidos… ¡treinta mil madres, treinta mil padres todos los días encontrándose en la calle, durante todos estos años, con los que torturaron y mataron a sus hijos! No tengo desconfianza en que las Madres cometan alguna tropelía contra la democracia o alguna agresión física contra alguien. Realmente, podemos estar de acuerdo o no, puede no ser el momento. Todo eso es discutible y pongámoslo a discusión. Pero de ninguna manera este Senado puede tener una palabra respecto de las Madres.

Insisto, todas las ideas son debatibles; pero frente a esa trayectoria y a ese dolor que llevan dentro nada se puede decir, menos aún cuando se ve que por cosas mucho más mínimas muchos actores sociales y personas salen a pedir que maten a cualquiera y que pongan pena de muerte desde las incubadoras. Realmente, me parece que es un respeto que se merecen. Para finalizar, quiero agregar dos cuestiones más, pues no estamos hablando de un tema menor. Como senador, lo escuché a usted, señor presidente, no sólo hablar de nazis sino de Inquisición, que había que remontarse a la Inquisición para ver persecuciones como esta en los medios o la prensa. Como dijo la senadora Blanca Osuna, cuando uno lee una parte de una declaración deja de leer otra; seguramente uno lee la que le conviene. Y el senador Petcoff Naidenoff ha leído una parte de su informe respecto de algunas denuncias concretas del gobierno nacional o de algunos hechos que sucedieron. Yo voy a leer otra parte del informe, una sola, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Dice así: “Si bien se han registrado, por lo menos, tres decisiones judiciales que rechazan denuncias penales en temas de interés público –situación que impone un gran avance al encontrar en el derecho de la libertad de expresión protección judicial en el ámbito interno–, aún se siguen recibiendo denuncias sobre aplicación indebida del Derecho Penal, a través de la aplicación de delitos de calumnias e injurias.” Se trata de un informe que dejó hoy a la mañana en mi escritorio el senador Petcoff Naidenoff. Continúa diciendo: “En este sentido, la Relatoría Especial manifiesta su preocupación por condenas penales contra periodistas por difamación e injurias. La Relatoría Especial subraya esta preocupación en dos casos en particular: en septiembre de 2007, en Salta, el periodista Sergio Poma fue condenado a un año de prisión en suspenso y a la inhabilitación de la profesión de periodista por un año, por una demanda por injurias presentada por el gobernador de Salta, Juan Carlos Romero.” Aclaro que en ese mismo mes, en la provincia de Salta hubo otra más por otro tema.

Dice el informe también que el señor Sergio Poma fue acusado de haber injuriado al gobernador de la provincia, Juan Carlos Romero. En el alegato, el abogado de Romero pidió una condena ejemplar para que el periodismo entienda que tiene límites. Y termina el informe diciendo que FOPEA emitió un comunicado y una alerta internacional.

No hay que ir hasta la Inquisición; hoy distribuyó un informe el senador Petcoff Naidenoff y hay de todas las provincias. No voy a leerlo todo. Hay que tener mucho cuidado, porque uno tiene que respaldar con las conductas lo que señala. No sé si esto es así o no, simplemente estoy leyendo lo que dice el informe, del cual se había leído otra parte. A casi todos los que estamos aquí nos han hecho escraches y carteles anónimos. Hasta hubo incentivos para que se hagan escraches o carteles anónimos como los que ustedes, que vienen a la ciudad, vieron sobre mi persona. Hubieran pasado desapercibidos si no fuera porque algunos diarios le dieron entidad y publicaron la foto. Entonces ya no se enteraron las cien personas que pasaban por donde estaban ubicados, sino los millones que leen el diario. En este sentido, el repudio al anónimo tiene que pasar también porque no legitimemos de ninguna manera ese tipo de agresiones, ya sea como la ocurrida en la Feria del Libro o como la de esos carteles. Parafraseando a Hemingway, “Cualquier agresión nos toca a todos; las campanas suenan por todos”. Unámonos para que esto no avance; el oficialismo desde su lado y la oposición desde el suyo.

Recuerdo otras épocas en la Argentina donde empezaron a ser normalidad ciertas situaciones. Hay que cortar de cuajo cualquier tipo de agresión. Cualquier agresión a cualquier periodista es una agresión a nosotros, porque como señalaba en el punto inicial, se trata de una agresión a la democracia, que es el sistema que elegimos todos los argentinos para vivir después de los dramas por los cuales hemos atravesado.

Sr. Presidente (Romero). – Lamento no responderle por estar en la Presidencia. En otro momento será.

Tiene la palabra el señor senador Giustiniani.