Volver al Inicio
18/12/2008
Inserción del Senador Filmus sobre la prohibición, a partir del 31 de diciembre de 2010, de la importación y comercialización de lámparas incandescentes

Señor Presidente: La creciente preocupación mundial acerca del estado actual y futuro de nuestro planeta ha establecido un importante punto de partida respecto al cuestionamiento de los patrones actuales de producción y consumo de energía.

Existe actualmente la certeza de la urgente necesidad de garantizar la seguridad energética, controlar la contaminación provocada por la quema de combustibles fósiles, y, obviamente, encontrar soluciones al creciente desafío que supone el cambio climático, lo cual que requiere la urgente reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

La generación de energía eléctrica a partir de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas) genera a nivel mundial aproximadamente el 61% del total de los gases de efecto invernadero (GEI). En nuestro país, las emisiones de GEI también provienen principalmente de este sector, que representa alrededor del 47% del total.

El cambio climático ya está afectando las vidas de muchas personas en diferentes regiones de nuestro planeta, y se prevé que en el futuro su incidencia será mayor. Por esta razón debemos reducir de manera significativa nuestras emisiones de GEI.

Entre los científicos existe el consenso de que un cambio fundamental en los patrones de producción y consumo de energía debe comenzar cuanto antes. Necesitamos una transformación completa de la forma de generar, distribuir y consumir la energía. Este gran cambio debe efectuarse contemplando el uso de las energías renovables existentes y la adopción de nuevas medidas de eficiencia energética.

Según los especialistas, la promoción del Uso Eficiente de la Energía es una de las medidas más efectivas que se pueden adoptar a corto y mediano plazo para lograr reducir las emisiones de CO2 y de otros gases de efecto invernadero. En ese sentido, se entiende a la eficiencia energética como a la adecuación de los sistemas de producción, transporte y consumo de energía de modo de lograr minimizar el impacto sobre el ambiente y optimizar la conservación de la energía.

A nivel mundial se estima que entre el 12 y el 26% del consumo de energía eléctrica se utiliza en iluminación. En nuestro país se calcula que es de alrededor del 25%. Por ello, el cambio de luminarias incandescentes por lámparas de bajo consumo es la medida más rápida y redituable para minimizar el uso de energía eléctrica, ya que éstas consumen en promedio 4 veces menos y tienen una vida útil entre 5 y 10 veces mayor que las incandescentes.

Por otro lado, resulta importante destacar que las inversiones necesarias para el cambio de luminarias no implica un gasto adicional significativo y, además, el gasto es amortizado en poco tiempo y se obtienen beneficios y ahorros considerables para los usuarios. De modo que la prohibición de importación y comercialización de lámparas incandescentes que plantea el proyecto de ley en consideración es una medida de eficiencia energética impostergable que trasciende el voluntarismo.

A modo de ejemplo, a continuación se mencionan diversos factores que contribuyen a que la iluminación sea uno de los usos finales de la energía preferidos para la adopción de medidas de eficiencia energética: 1. El potencial de ahorro para este uso final demuestra ser muy elevado y algunas alternativas de eficiencia en iluminación no representan costo adicional alguno y en otros casos es una medida altamente rentable; 2. Debido a su alta coincidencia con la demanda pico vespertina de electricidad, una reducción en el consumo energético se refleja también en una disminución de la demanda de punta, permitiendo importantes ahorros en inversiones necesarias para suministrarlos; 3. Pocos puntos luminosos de las viviendas concentran la mayor parte del consumo, lo que permite un gran aprovechamiento del potencial de ahorro sustituyendo pocas lámparas; 4. Debido a la corta vida útil de las lámparas a reemplazar (incandescentes) y a que la tecnología para efectuar el cambio se halla disponible en el mercado, la sustitución puede realizarse en plazos relativamente breves.

Como antecedentes de acciones similares en otros países del mundo podemos citar, entre otros, los casos de Canadá, Australia, Irlanda, Venezuela, Cuba y Nicaragua, los cuales ya han establecido una fecha límite para la prohibición de la venta de lámparas incandescentes. Por otra parte, una de las preocupaciones que surgen respecto del uso de lámparas de bajo consumo es que estas lámparas contienen mercurio. La cantidad de mercurio que cada lámpara posee es de alrededor de 2 mg., esto es, mil veces menos que un termómetro clínico y cien veces menos que un clásico tubo fluorescente, según el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

El mercurio es una sustancia peligrosa que tiene efectos bioacumulativos en toda la cadena trófica, por lo cual es indispensable tomar precauciones. Es por ello que, junto al plan de recambio de lámparas incandescentes por las de bajo consumo es imprescindible la instrumentación de una estrategia de recolección diferenciada, considerando a estas lámparas como residuos peligrosos.

En tal sentido, un proyecto de ley de mi autoría presentado en esta Cámara bajo el número de expediente S-3532/08, el cual se encuentra actualmente a consideración de la Comisión de Ambiente y Desarrollo Sustentable, establece la responsabilidad de los productores e importadores de estas lámparas (entre otros productos) de gestionarlas de un modo ambientalmente seguro una vez que las mismas son desechadas por los consumidores.

Señor presidente, con el convencimiento de que la sanción del proyecto en consideración implicará una importante disminución de la demanda de energía eléctrica y, en consecuencia, una menor presión sobre la explotación de recursos naturales y el ambiente en general, solicito a mis pares me acompañen con sus votos para su aprobación.