Sr. Filmus. — Señor presidente: pidiendo permiso para insertar y siendo muy breve para enfatizar la necesidad de votar afirmativamente este proyecto, quiero señalar que me cabe el orgullo de haber sido quien lo presentó como Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología en su momento, para la consideración de este Congreso.
Se trata de una discusión que tiene un tema de fondo vinculado con los investigadores argentinos que están en el exterior. La Argentina tiene 7.000 investigadores y científicos fuera del país, y el programa RAICES —que fue lanzado en 2003— tiene como objetivo fundamental no solo intentar repatriar a los investigadores que están afuera, sino también lograr que muchos de aquellos que ya están instalados en el exterior y es muy difícil que vuelvan al país conformen redes a nivel internacional que permitan, desde el lugar del mundo donde estén, su apoyo a la ciencia argentina.
El Programa RAICES tiene mucho que ver con la historia argentina; tiene que ver —hay que señalarlo con fuerza— con la recuperación que tiene la ciencia y la tecnología a partir de 1983, cuando se recupera la democracia.
No es muy difícil si uno quiere poner una fecha al comienzo de la decadencia de la ciencia y de la tecnología argentina: fue en 1966, con “La noche de los bastones largos”. Con
“La noche de los bastones largos”, 3.000 profesores renuncian a la Universidad de Buenos
Aires y 1.300 científicos, investigadores y profesores universitarios se van del país. Es a partir de 1966 cuando comienza un éxodo importantísimo. Para darle una dimensión, hay que calcular que la formación de cada uno de estos 7.000 investigadores que tenemos afuera tuvo como costo para la Argentina, aproximadamente, 30.000 dólares.
Hace instantes, hablábamos de los recursos naturales como elementos centrales. Sin lugar a dudas, la capacidad de nuestra gente es el elemento más importante que tiene la Argentina para su crecimiento y desarrollo, acompañado de mayores niveles de justicia social.
En su momento, el Programa RAICES se llevó adelante en el Ministerio de
Educación, Ciencia y Tecnología a través de las secretarías de Educación y de Ciencia y Tecnología; ahora, se impulsa a través del Ministerio de Ciencia y Tecnología.
Alguien puede preguntar: ¿para qué convertirlo en una ley o ponerlo como política de
Estado? Porque pensamos que, para volver al país, los investigadores no deben tener incertidumbre. En ese sentido, estas políticas, transformadas en políticas de Estado, dan una idea — independientemente de cuál sea el gobierno de turno— de que serán llevadas adelante por mucho tiempo, tal como ha sucedido con muchas otras leyes educativas o vinculadas con la ciencia. Por lo tanto, para que los investigadores regresen a la Argentina y para que nuestros jóvenes no se vayan del país, se debe garantizar que estas políticas serán una preocupación, por siempre —o, por lo menos, por mucho tiempo—, de los distintos gobiernos a los que les toque encabezar el Estado. Por eso, hoy proponemos este proyecto de ley. En ese sentido, las comisiones de Ciencia y Tecnología y de Presupuesto y Hacienda han acompañado por unanimidad este proyecto de ley en revisión de la Cámara de Diputados.
Pensamos que es el mejor apoyo que le podemos dar a nuestros científicos y a nuestros técnicos, que es el mejor mecanismo que tenemos para seguir generando ciencia propia.
Hace poco tiempo, debatiendo otros temas, discutíamos sobre cuál era el modelo argentino. En esa oportunidad, muchos enfatizaban la importancia que, sin duda, tienen las materias primas y los commodities en la economía argentina. Hoy, la crisis internacional revela que lo más importante que tiene la Argentina es la capacidad de agregar valor a partir del trabajo, de la innovación y del desarrollo de su propia gente; eso es lo que no tenemos que dejar que se vaya.
Si el Senado avala esta iniciativa, estará acompañando a quienes realmente tienen muchísimo que aportar a partir de su conocimiento y de su saber. Por eso, solicitamos la aprobación de este proyecto. Insistimos con que es una forma de recuperar; de retomar lo mejor de la tradición científica argentina. No debemos olvidar que nuestro último Premio Nobel, César Milstein, fue un argentino que ganó ese galardón trabajando fuera del país, en el Reino Unido, a partir de haberse ido, justamente, en 1966, después de aquella trágica “Noche de los bastones largos”.
En consecuencia, a fin de recuperar lo mejor de nuestra tradición en la ciencia y la tecnología argentinas y de rescatar todo lo realizado por el primer secretario de Ciencia y
Técnica, Manuel Sadosky, durante el retorno de la democracia —todo lo que él generó en el CONICET y en otros organismos de Ciencia y Técnica con su dignidad, con su trabajo y con su capacidad—, es que sometemos este proyecto a consideración de los senadores y solicitamos su acompañamiento.
|