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03/09/2008
Intervención del Senador Filmus sobre rescate de la empresa Aerolíneas Argentinas S. A. y Austral Líneas Aéreas - Cielos del Sur S. A.

Sr. Presidente. — Tiene la palabra el señor senador Filmus.

Sr. Filmus. — Señor presidente: en primer lugar, me gustaría manifestar el beneplácito que me causa el hecho de que estemos discutiendo este tema aquí en el Congreso. Como ocurrió con otros asuntos, el Congreso está avanzando en su capacidad de decidir respecto de los grandes temas nacionales, lo cual es bueno que así ocurra, porque en su seno se encuentran los representantes de las provincias y del puebloargentino.

Me parece que, en este sentido, como ha planteado en el discurso inaugural de la Cámara la presidenta de la Nación, una de las necesidades que tenemos pendientes —que quizás no era tan manifiesta en 2003, pero que a partir de la solución de los problemas más urgentes ha comenzado a ponerse en evidencia— es la mejora de la calidad institucional. Y, desde ese punto de vista, este tipo de debates, si es franco y profundo, nos ayuda.

En segundo lugar, quiero plantear anticipadamente mi voto afirmativo, fundamentalmente en virtud de los argumentos que ha brindado aquí el presidente de la Comisión, el señor senador Calcagno y Maillman, y por los que han puesto de manifiesto un conjunto de senadores que han hecho uso de la palabra con anterioridad.

Asimismo, a fin de no alargar el debate pido permiso para poder insertar buena parte de mi discurso, sobre todo con relación a los aspectos técnicos y más específicos que fundamentan mi voto afirmativo.

En principio, me gustaría entrar en el debate de otros temas que se plantearon aquí y que, a mi entender, hacen a cuestiones de fondo que no podemos dejar de lado y que saludo auspiciosamente que empecemos a debatir.

Sra. Negre de Alonso. — ¿Me permite hacer una aclaración?

Sr. Filmus. — Sí, cómo no.

Sra. Negre de Alonso. — Quiero hacer una aclaración al señor senador Filmus sobre lo que él acaba de señalar.

Me voy a referir a este tema de que los medios y la gente dicen que por fin el Congreso se despertó. Yo participé del Congreso de enero de 2002 porque, en realidad, estoy ocupando esta banca desde marzo de 2001, y he visto que siempre hemos trabajado con mucha fuerza y hemos debatido grandes temas relacionados con esto, como ENARSA, AYSA, etcétera.

Entonces, quiero recalcar que debemos ser cuidadosos en lo que decimos porque, quizá, no tuvimos oportunidad de ser vistos por todo el país en ese trabajo silencioso, pero permanente y arduo, que realizamos.

En ese momento de crisis institucional de los años 2001 y 2002 muchos de losque ocupábamos cargos legislativos —senadores, diputados y otros legisladores de legislaturas locales— trabajamos en forma permanente e incesante, dándole al país un

Poder Ejecutivo que no tenía y otras herramientas que, por ahí, muchos de nosotros no compartíamos. Sin embargo, igualmente veníamos aquí a debatir para que el país tuviera las herramientas necesarias para salir de una de las crisis institucionales, económicas y financieras más graves de su historia.

Quería aclararle esto al señor senador Filmus porque, si no, las cosas que se dicen por ahí después pueden quedar instaladas. Por supuesto que descarto que usted no dijo eso, pero por ahí los medios impusieron la idea de que hasta ahora el Congreso erauna escribanía y no trabajaba. Pues bien, yo quiero reivindicar el papel del Congreso, como una de las protagonistas que fui de él.

Sr. Presidente. — Tiene la palabra el señor senador Filmus.

Sr. Filmus. — Creo que no es necesario hacer esa aclaración: el Congreso funciona, trabaja y discute. Quizá, el hecho de que no ha sido una escribanía debiera aclarárselo a algunos miembros de su propia bancada o de otros bloques de la oposición que acusaron a este Parlamento de actuar como tal. No fue el bloque oficialista el que ha planteado alguna vez esa idea, sino que han sido muchas veces los bloques de la oposición los que han visto al Congreso en clave de escribanía cuando se aprobaronaquí proyectos enviados por el Poder Ejecutivo, de la misma manera que cuando se han modificado algunos puntos sustantivos de esta iniciativa —lo que hace que hoy nosotros podamos votarla afirmativamente— han visto eso en clave de derrota del Ejecutivo.

El Congreso es el lugar donde se debate y se discute. El Parlamento es el lugar plural por esencia: es muy bueno que se discuta, es muy bueno que se debata y es muy bueno que avancemos en esta dirección, para mejorar la calidad institucional de nuestro país, porque todavía tenemos asignaturas pendientes desde 1983.

Justamente, la crisis de 2001 marcó hasta qué punto, a pesar de que habían transcurrido dos décadas de democracia, existían problemas institucionales profundos y este Congreso tuvo que salir a responder por esos problemas.

Insisto: los que han dicho que el Congreso era una escribanía nunca han sido miembros del bloque del oficialismo y tampoco he sido yo, en este caso, quién ha desvalorizado lo que ha efectuado anteriormente el Congreso, sino que lo que estoy diciendo es que debemos trabajar más aún para mejorar la calidad institucional.

A continuación, me voy a abocar a algunos temas de fondo. A mí me parece muy importante que hoy estemos discutiendo este tema después de las modificaciones que introdujo la Cámara de Diputados, luego de un debate que algunos quieren ver en clave de ganadores y perdedores y otros queremos verlo en clave de la mejora de un proyecto, en base a que se permitió abrirlo a la discusión entre todos los sectores.

En ese sentido, me parece que es sustantiva la posibilidad que se plantea en el proyecto que llegó de la Cámara de Diputados en cuanto a que sea este Congreso, en última instancia, el que va a aprobar el valor de la compañía. Y también será este Congreso el que va a seguir todo este proceso a través de la comisión bicameral.

A su vez, quiero acompañar algunas ideas que se plantearon acá: este Congreso es el que tiene que abrir una comisión investigadora, porque desde su origen y como se ha planteado acá, desde los distintos bloques, ha habido aquellos que han interpretado que la privatización de Aerolíneas Argentinas y otras empresas públicas era simplemente por una necesidad de mejorar sus recursos personales; y el país, la Argentina, todavía tiene muchas necesidades para que todos los argentinos terminen pagando el desfalco que hicieron unos pocos.

Asimismo, creo que así como las modificaciones permiten que sea el Congreso quien fije el valor y la Comisión Bicameral la que siga el proceso, una comisión investigadora tiene que dar cuenta de lo que ha ocurrido durante este tiempo.

En otro orden de ideas, recomiendo el libro “Alas Rotas”, de Mabel Thwaites Rey —una profesora titular de la Universidad de Buenos Aires—, en donde con bastante profundidad, al igual que lo han hecho aquí distintos señores senadores, se plantea la idea de que desde el origen, desde el mismo proceso de privatización, esta compañía se endeuda y sufre un desfalco que le significa —o le quiere hacer significar— que el interés de unos pocos esté por encima de los intereses mayoritarios del pueblo argentino. Quería plantear esta digresión. Este debate me ha sacado un poco de la cuestión central.

Creo que el fondo de lo que estamos discutiendo hoy acá es el papel del Estado en los modelo de desarrollo. Así como el debate sobre las retenciones —con sus pros y su contras— sacó a la luz la necesidad de discutir un plan agropecuario y un modelo de distribución, hoy estamos debatiendo —aun cuando haya distintas interpretaciones, ya sea a favor o en contra del proyecto— el papel que tiene que jugar el estado.

Cuando se decidieron en la Argentina las primeras huellas que dieron lugar a los caminos, se estaba definiendo un modelo de país. Cuando casi todas esas huellas empezaron a estar dirigidas hacia Buenos Aires, empezamos a decidir que este iba a ser un país macrocefálico y que iba a tener un lugar donde se definiera el destino de todos los argentinos.

Cuando se definen los ferrocarriles, se está definiendo un modelo de país; si todos terminan aquí, es porque esa es la idea agroexportadora, de un país que no iba a crecer mirando hacia adentro sino hacia afuera.

Cuando hoy estamos definiendo, a esta altura del desarrollo científico, tecnológico y de los transportes, el modelo que nosotros vamos a tener en lo aerocomercial, estamos definiendo un modelo de país. Y allí no puede estar ausente el Estado. En efecto, no puede no haber presencia estatal en aquellas cosas donde no es el mercado el principal y el mejor distribuidor, porque el mercado distribuye de acuerdo a las capacidades de cada uno de los individuos y no de las necesidades.

Recién, la señora senadora Fellner planteaba el tema del turismo, entonces, me preguntaba qué empresas se van a instalar en el interior del país si no hay aviones suficientes ¿Qué empresas van a trabajar extractivamente o en cualquier otra área si no tenemos los mecanismos de transporte para poder hacerlo?

No se puede mirar el negocio —desde la aeronavegación— por el 8 por ciento de los argentinos, ni preguntándonos quiénes son el 8, 9 ó 10 por ciento de los argentinos que viajan utilizando este medio, porque ese 8 por ciento, que por ejemplo puede representar el turismo son los que hacen trabajar, en cada una de las provincias, a cientos de miles, o millones de personas. Entonces, esto tiene que ser visto de manera global, pensando en los intereses de un modelo de país integrado, pensando en los intereses de los que más lo necesitan y no solamente de unos pocos. Por este motivo, creo yo que es lo central.

Y ¿por qué quiero ir más en profundidad con este tema? Porque cuando se votó la Ley 23696, norma que permitiría privatizar entre otras compañías a la Empresa Nacional de Telecomunicaciones, Aerolíneas Argentinas, Aguas y Energía —parece que también trabajaba bastante el Congreso en aquel momento— , Obras Sanitarias de la Nación, Ferrocarriles Argentinos —es la misma ley— Empresa Nacional de Correos y Telégrafos, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Gas del Estado, SEGBA, así como también algunas cuestiones vinculadas a los servicios culturales de la ciudad de Buenos Aires, como por ejemplo Servicios Recreativos de la Ciudad de Buenos Aires, Mantenimiento Urbano de la Ciudad de Buenos Aires, Junta Nacional de Granos, se fijó una concepción de modelo de país.

Es verdad que mañana la prensa probablemente destaque lo que no estuvimos deacuerdo, porque no coincidimos respecto de algunos puntos del proyecto de ley que envió el Ejecutivo y de las reformas de la Cámara de Diputados. Pero lo más destacable de hoy es que todos —o mayoritariamente— estamos discutiendo un mismo papel del Estado, con relación a las empresas que atañen a los intereses básicos de nuestra sociedad.

En esto, no hay nadie que esté planteando que el Estado tiene que desentenderse y que debe quedar librado a los designios del mercado—como se decía en la década de los ‘90— y al poder adquisitivo de cada uno. Destaquemos también aquellas cosas sobre las que estamos de acuerdo.

Este tema, que por supuesto ha sido puesto en evidencia a partir de la crisis, deldesfalco económico y de la situación difícil que atraviesa Aerolíneas Argentinas, no es menor: es un tema central. Si constituimos una política de Estado, es probable que tengamos un modelo de país que, si persiste en el tiempo, realmente sirva al conjunto de los intereses de nuestro pueblo. Para mí esta es quizás una de las principales conclusiones.

Para terminar, me parece que los más necesitados de la presencia de la aeronavegación en el conjunto del territorio de la Nación son todos los sectores que, de una u otra manera, directa o indirectamente, están esperando que hoy tomemos esta decisión en el Senado y que coloquemos al Estado con la capacidad rectora para poder decidir las políticas en este sentido.

Considero que es el Congreso el que asume, a través de las modificaciones de la Cámara de Diputados y del proyecto del Poder Ejecutivo, la capacidad para poder definir los mecanismos a través de los cuales no permitamos que unos pocos se queden con recursos tan necesarios para el país; y que todos necesitan.

Quiero decir que el desafío —aquí lo han planteado varios señores senadores—está en qué pasa con la conducción, el gerenciamiento y la eficiencia que logre esta empresa para poder cumplir con sus objetivos.

¿Por qué se votó y, en definitiva, por qué pasó una ley que permitía las privatizaciones, prácticamente sin mayores reparos por la sociedad?

Yo me preguntaba, ¿pero cómo pasó, en su momento, la derogación de la educación técnica y nadie dijo nada? Eso ocurrió porque no había nadie que estuviera demandando técnicos.

Hay alguna razón por la cual ocurren estas cosas en algunas situaciones. Porque, si uno analiza estas cuestiones, había bastante consenso sobre ciertos temas. No se trata simplemente de la actitud personal que tuvo tal o cual diputado o senador.

En la Argentina, a partir del 45 —y antes también— se comenzó la construcción de un Estado de bienestar. Lo que se privatizó no fue el Estado de bienestar; para que se privaticen las empresas y las estructuras de este Estado de bienestar, lo primero que hubo que hacer fue privatizar el Estado; y un Estado privatizado, que respondía a los intereses de unos pocos, es el que convirtió al Estado de bienestar en un Estado de malestar.

Había consenso para privatizar teléfonos cuando estos no funcionaban. Había consenso para privatizar ferrocarriles cuando las empresas estatales de ferrocarriles eran ineficientes.

Si esta empresa, que ahora vuelve a manos del Estado, es ineficiente en el futuro, dentro de unos años se estará discutiendo acá, de vuelta, qué alternativa se asumirá.

Es deber de quienes conducen la Nación, de quienes conducen el Estado y también es deber de este Congreso, garantizar a través de mecanismos concretos que esa empresa responda realmente al interés de todos los argentinos y sea eficiente.

Es necesario mostrar que bajo la conducción del Estado, a través de los distintos mecanismos existentes, esa empresa sirve a los sus usuarios. Como dije, no son solamente los que vuelan sino todos los que se benefician con el accionar de la empresa.

No tenemos que pensar que esto será un péndulo en el futuro y que, como tuvimos una década de los 90 privatizadora, ahora tenemos una década que vuelve a mirar con simpatía el papel del Estado. Si el Estado no sabe asumir la responsabilidad, no sabe construir una identidad respecto de las necesidades de nuestra gente, creo que corremos el riesgo de que esta discusión se repita.

En cambio, si este avance que hoy seguramente hará el Congreso con el voto mayoritario deviene en la conjunción de un interés nacional respecto del negocio y del servicio aerocomercial, me parece que estaremos dando un paso adelante, incluso para mostrar que efectivamente el Estado puede ser eficiente en el desarrollo de las políticas que necesita nuestra gente.